Había entrenado duro en Chiclayo, Perú. A sus 35 años, Cristián Escalante se había propuesto sumar en Guadalajara su cuarta medalla panamericana, tras triunfar en el levantamiento de pesas en Winnipeg, Santo Domingo y Río de Janeiro. Pero un control de dopaje pulverizó sus aspiraciones y le quitó el privilegio de ser el abanderado chileno en tierras aztecas.
Lejano parece hoy el momento cuando el Presidente Sebastián Piñera le entregó la bandera nacional en La Moneda. Escalante había dejado temprano a su hijo en un colegio de Maipú y después iba con rostro de hombre cansado al encuentro en el Palacio. El pesista sabía que la noticia del doping, tarde o temprano, lo iba a afectar.
Nevel Ilic, presidente del Comité Olímpico, estaba al tanto de que la Agencia Mundial Antidopaje podía caer encima del sueño panamericano del halterofilista chileno, pero lo apoyó hasta que no se probara que el deportista había caído en falta.
Los exámenes fueron contundentes. En un test realizado en un campeonato nacional, Escalante arrojó metilhexaneamina, lo que adelanta el retiro de un hombre que siempre salió en defensa de los deportistas, especialmente contra la dirigencia inoperante del pasado.
El caso amerita una investigación. Desde las pesas argumentan que estaban autorizados por médicos del Centro de Alto Rendimiento para ingerir Marinade, un producto que atenúa la fatiga por sobreentrenamiento. Desde el Instituto Nacional del Deporte niegan tales cargos y señalan que, de saber del doping de Escalante, no habrían arriesgado al Presidente Piñera a entregar la bandera chilena a un deportista cuestionado.
David Dubó, campeón mundial de karate en la categoría de 75 kilos, es el nuevo abanderado nacional. En Guadalajara encabezará la delegación de 302 chilenos que buscarán las ansiadas medallas.
En México, durante la segunda quincena de octubre, se vivirá la XVI cita panamericana. Y Cristián Escalante será una ausencia dolorosa. Para el pesista, el peor final.
@claudiobustios















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