El gabinete de Piñera hay que medirlo, en primer lugar, con la vara de sus propias promesas. Y en ese examen no sale mal parado. Hay muchos independientes, muchísimos (13 de 22, aunque claro, algunos son más independientes que otros). Hay profesionales jóvenes. Hay gente de regiones. Hay mujeres, aunque baje bastante el número (seis, contra diez de Bachelet). Y hay un destacado concertacionista. (Aunque sí hay tres perdedores de las parlamentarias: Von Baer, Lavín y Parot).
Claro que de las fortalezas del gabinete surgen también debilidades. Una es la incógnita sobre la gestión de técnicos sin experiencia política, en ministerios que requieren muñeca (Trabajo, Cancillería, Salud). Otra, la fuerza con que empresarios provenientes del mundo privado podrán enfrentar las presiones corporativas (Vivienda, Minería, Obras Públicas, Transportes). Una más, que de aquí al 11 de marzo se despeje cualquier posible conflicto de intereses de nuevos ministros con inversiones en su área (Educación, Agricultura).
Con todo, Piñera ha cumplido en lo sustancial sus promesas de independencia y excelencia, tal como lo hizo Bachelet al nombrar su primer gabinete con las de paridad y nuevos rostros. El tiempo dirá si estos ministros corren mejor suerte que el malhadado primer gabinete de 2006.
Interior: Rodrigo Hinzpeter. Carta segura desde que Piñera es candidato. Hinzpeter es la mano derecha del nuevo Presidente, y eso asegura comunicación directa entre el Jefe de Estado y el líder, lo que parece obvio, pero no lo es tanto (como puede atestiguar Belisario Velasco, que como ministro del Interior de Bachelet no conseguía una cita para hablar con su jefa). Claro que Hinzpeter también tendrá que demostrar que tiene vuelo político propio, que es algo más que el yes man de Piñera, y que es capaz de contradecirlo y convencerlo en decisiones relevantes.
Presidencia: Cristián Larroulet. Nombre calado, diseñó el programa de gobierno y por lo tanto es lógico que sea el encargado de cumplirlo a través de proyectos de ley. Respetado transversalmente, tiene experiencia en negociaciones complejas como las que deberá liderar en el Congreso, donde el nuevo gobierno no tiene mayoría.
Vocería: Ena von Baer. Cumple varias cuotas que Piñera necesitaba llenar (mujer, joven, de regiones) y tiene experiencia en televisión. Deberá demostrar que es capaz de influir al nivel de Larroulet y Hinzpeter, con quienes compartirá el gabinete político en La Moneda.
Cancillería: Alfredo Moreno. Una jugada audaz y discutible. Piñera privilegia un perfil empresarial para una cartera que deberá enfrentar retos políticos complicadísimos: juicio con Perú en La Haya, altas expectativas de Bolivia, provocaciones de Chávez… Moreno deberá rodearse de un equipo político y diplomático de primera, partiendo por un subsecretario con experiencia en este campo. Claro que probablemente, por temperamento e intereses, en muchos momentos el rol de canciller sea asumido por el propio Piñera, tal como lo hizo antes Lagos.
Defensa: Jaime Ravinet. Aquí Piñera logra cumplir su promesa más acariciada: levantar a un político relevante de la Concertación para su gobierno. Claro que el precio es tener que guardarse las críticas a las “sillas musicales” de la Concertación, devolviendo a Ravinet al mismo ministerio que ya ocupó hace seis años. No está de más recordar que hace solo tres meses la UDI se querelló por la compra de informes redactados por el ex ministro Patricio Rojas, en la época en que Ravinet era ministro de Defensa.
Hacienda: Felipe Larraín. Hombre de confianza del Presidente electo y con sólidas credenciales académicas, Larraín deberá demostrar que también tiene muñeca política para enfrentar las múltiples presiones que caen sobre el dueño de la billetera del Fisco. Con un Presidente tan experimentado en este tema, probablemente su margen de acción sea mucho menor a sus predecesores.
Economía: Juan Andrés Fontaine. Al poner a un economista de este tonelaje, Piñera apuesta a rescatar a un ministerio que ha caído en la irrelevancia. El desafío es convertirlo en el motor de la inversión y la innovación.
Educación: Joaquín Lavín. Una carta interesante para uno de los ministerios más desafiantes. Lavín tendrá que desligarse de la Universidad del Desarrollo, y deberá demostrar que es capaz de reinventarse sacando adelante la revolución educacional que necesita el país, y al mismo tiempo manejar con su conocido pragmatismo las explosivas relaciones con profesores y estudiantes. Si lo logra, puede reflotar su carrera política. Una historia para seguir con atención.
Salud: Jaime Mañalich. Piñera se decide por un conocido para una cartera ingrata, en que se debe lidiar con escándalos periódicos, gremios levantiscos y con las aristas valóricas de temas como la píldora del día después y las políticas de anticoncepción y orientación sexual.
Trabajo: Camila Merino. Otra elección arriesgada. Piñera opta por una ejecutiva de impecables credenciales profesionales y de nula experiencia política para un ministerio complicado. Tendrá que tomar medidas audaces para destrabar el mercado del trabajo, sin despertar los fantasmas de que un gobierno de derecha afectará los derechos laborales. Cómo cuadrar el círculo.
Minería: Laurence Golborne. Una de las cartas más potentes del nuevo gabinete. Hombre clave en la expansión de Cencosud en la década pasada y actual director de Ripley, da el salto al ámbito público.
Obras Públicas: Hernán de Solminihac. Otro nombre relevante del sector privado, esta vez desde la academia (es Decano de Ingeniería de la UC). Tendrá que revitalizar el sistema de concesiones y tomar decisiones sobre el proyecto del puente a Chiloé.
Justicia: Felipe Bulnes. Nombre esperado, que deja en el camino (y fuera del gabinete) a Rodrigo Álvarez. Ahora “con guitarra”, deberá buscar soluciones para la justicia “garantista” que ha criticado la Alianza, y mostrar compromiso en un tema sensible para el nuevo gobierno como los Derechos Humanos.
Transportes: Felipe Morandé. Indiscutible por calidad técnica, Morandé era carta lógica para el MOP. Pero sus vínculos con la Cámara de la Construcción (fue gerente de estudios y, hasta hace poco, asesor), podían generar cuestionamientos a su independencia de las empresas del rubro. Finalmente, aterriza en Transportes.
Vivienda: Magdalena Matte. Esposa del senador Hernán Larraín, Matte tiene su propia trayectoria como empresaria y directora de empresas. Su perfil ejecutiva la lleva a un área (Vivienda) en la que no tiene mayor experiencia.
Mideplan (nuevo Ministerio Social): Felipe Kast. El botín más codiciado por Longueira y Lavín, finalmente va a un experto de bajo perfil. Parece que Piñera prefirió no correr el riesgo de que una cartera que promete tener nuevos recursos y mucho lucimiento público sea usada como trampolín para la presidencial de 2013.
Energía: Ricardo Raineri. Tiene adelantado un trabajo de años a cargo del tema en los Grupos Tantauco de Piñera.
Medio Ambiente: María Ignacia Benítez. Una figura poco conocida para una ministra que deberá hacer pesar su voz en la discusión sobre HidroAysén, además de echar a andar una institucionalidad aún en rodaje.
Cultura: Luciano Cruz-Coke. Campo minado. En un área en que la derecha tiene pocas redes y despierta muchos anticuerpos, sus pasos serán seguidos con atención, y cualquier tropiezo (como los del propio Piñera en la campaña, cuando propuso plebiscitar el Fondart, o discriminar los libros que “valen la pena”) será magnificado.
Agricultura: José Antonio Galilea. Político de trayectoria, y muy vinculado al área agrícola. Un sector eternamente descontento con la Concertación, tiene altas expectativas, difíciles de cumplir. Sobre todo porque piden protección a un gobierno que debería estimular aun más competencia y más apertura a los mercados externos.
Sernam: Carolina Schmidt. Ministerio que ha sido blanco de críticas de los sectores más conservadores de la Alianza por su agenda valórica, Piñera decide poner ahí a una mujer independiente.
Bienes Nacionales: Catalina Parot. Le llaman el “ministerio invisible” por su nula figuración. Parot es una de las perdedoras de la elección parlamentaria que llegan al gabinete.
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