Quiso Dios que el domingo 22 de agosto, desde las entrañas de la tierra, treinta y tres hombres transmitieran a todo un país que después de varios días enterrados e incomunicados, estaban vivos y sanos mediante un conmovedor mensaje en un papel roñoso y con letras rojas. Todos chilenos, a excepción de Carlos Mamani, un boliviano. Quiso Dios que días después Sudamérica se quedara con las dos medallas de oro en el fútbol de los Juegos Olímpicos de la Juventud (JOJ), Chile en damas y Bolivia en varones. Notable y divina coincidencia.
Coincidencia, sí, pero no. Por la coyuntura, claro, pero no por la consecuencia, energía y esfuerzo de un grupo de muchachas de 15 años que lejos, casi sin contarle a nadie, le ganó al destino y a la permanente desdicha deportiva de nuestro país.
La gracia del título es que lo ganaron merecidamente, imponiendo su sello y aprovechando todas las fortalezas y virtudes de un equipo que, como todos, también posee defectos. La gracia es que para la final, los escondió. Los dejó quién sabe dónde.
Jugadoras chiquititas, menuditas, con cara de niñitas, pero con una personalidad de una muchacha más avezada y con más recorrido en la vida. Eso que tanto nos ha penado a lo largo de la historia, se quedó olvidado en algún lugar de la Ciudad-Estado de Singapur.
Hace cinco años el fútbol de mujeres en Chile no existía. No había ligas, no había TV, no había entrenadoras y no existía un solo dirigente que creyera en el proyecto. De a poco, todo confluyó para que varias muchachas se interesaran y dieran vida a esta actividad que no nos transforma en potencia mundial, pero que puso en marcha la máquina. No hace falta recordar que este es el mejor incentivo para que las jóvenes Hinojosa, Roa, Grau, Orellana y el resto sepan que entraron en la historia, pero que está en ellas profesionalizarse y hagan de esto no sólo un lindo pasatiempo, sino un trabajo competitivo y rentable.
Dieron el pasito perfecto. Sin publicidad y sin vociferar justo en el momento en que seguíamos conmocionados con los mineros y su admirable prueba de vida. Que sea el oro olímpico, pero no la meta. Con 15 años les queda mucho aún por ganar.
Un abrazo.











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