La serpiente más grande del mundo

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De acuerdo a los reportajes y fotografías que he visto, nunca he logrado asegurar cuál es la serpiente más grande del planeta. La han buscado en Asia y sudamérica, porque se supone que en estos continentes habitan las más colosales: la pitón reticulada y la anaconda. De hace unos días, leí en un matutino la lamentable muerte de Fluffy (18 años), reconocida como la serpiente más larga del mundo. De hecho, estaba registrada en el libro de Récords Ginness. Según el zoo de Columbus, donde vivió sus últimos días, ésta murió a causa de un tumor. Sin embargo, es muy difícil determinar si este dato es fidedigno, ya que generalmente este tipo de reptiles posee cientos de vértebras cubiertas con miles de músculos constrictores, permitiendo que su piel pueda ceder o recogerse, haciendo más compleja la medición.

Pero la pregunta continúa: ¿Cuál es la serpiente más grande? Recuerdo que en el zoo de Pretoria vi una información que afirmaba que una anaconda encontrada en la amazonía de Brasil, llegó a los 11 metros con 22 cms. Una medida un tanto exagerada para la realidad, es como decir que un cocodrilo mide más de 10 mts. En mis recurrentes viajes al Amazonas y a los llanos de Venezuela, hábitat de las anacondas verdes, muchas veces los nativos aseguraron ver serpientes de hasta 20 metros de longitud, y siempre les digo a esas personas que el día en que vean una, me avisen, porque Nat geo me pagaría un millón de dólares por ese hallazgo.

Es más, hace unos años, en los llanos de Venezuela logré capturar una anaconda cercana a los 8 metros de longitud y de unos 150 kilos de peso, lo registré en un video y la gente se sacó fotos con ella, y luego la reposicioné en un lugar seguro, ya que era intensamente buscada por cazadores. Después de esto, jamás logré encontrar ni ver en ninguna publicación o video algo semejante. De las muchas expediciones que se han realizado a la selva, sólo se han registrado ejemplares de 6 mts para las anacondas y de 7 para la pitón reticulada. Es importante hacer una aclaración: la más larga es la pitón y la más grande, la anaconda. Eso es tan cierto como reconocer que Chile es más largo que Argentina, pero éste último es más grande territorialmente que nuestro país.

Aún así, conservo la esperanza de encontrar aquel monstruo que supere los 10 metros. Sé que es una utopía, pero el día que lo consiga, colgaré los zapatos de trekking, lo prometo.

¿Cocodrilos asesinos?

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No puedo dejar de pensar en la horrenda imagen de un niño al que sacaban del estómago de un cocodrilo marino en Borneo. Aquella foto estaba celosamente archivada en una granja de cocodrilos cerca de Kuching, capital del estado de Sarawak, en esa isla de Malasia. Mucha gente cree que ese tipo de cocodrilos habita sólo en el norte de Australia, pero el haber recorrido parte de Malasia e Indonesia me permitió recoger numerosos testimonios de personas que aseguraron ver este tipo de reptiles en muchos ríos a varias millas del mar, cosa ilógica si se piensa que esta especie (la más grande del mundo) es reconocida por sus hábitos marinos.

La pregunta que me hacía era, si en el sudeste asiático hay cerca de 20.000 islas y cada una tiene como promedio cuatro a ocho ríos, ¿cuántos cocodrilos habrá deambulando por estos lugares? El niño devorado por el reptil marino se llamaba Stephen Ali y tenía 11 años. Por su lado, el lagarto alcanzaba  5.5 metros, con un peso cercano a los 600 kilos. También fue el fin para Bujang Senang,  el monstruo del ‘Batang Lupar’, conocido como río de sangre, donde más de 50 personas han sido devoradas por cocodrilos marinos. Sacando cuentas se puede extrapolar que deberían haber muerto 4 millones de personas, pero no es así, algo hizo que en ese lugar los cocodrilos llegaran a ser célebres por sus ataques.

La verdad es que en Asia, los últimos 50 años, ha fallecido el doble de esa cifra de seres humanos atacados por reptiles y otros mamíferos. Es más, remontándonos  en el tiempo, las peores masacres a seres humanos por parte de cocodrilos marinos fue durante los numerosos naufragios de buques, durante la Segunda Guerra Mundial. Esto parece algo de menor importancia frente a quienes perdieron la vida en batalla. Pero hoy es otro tiempo, hace años que en el ‘Batang Lupar’ no ocurren  muertes debido a esta especie, ya que luego de la cacería humana, los cocodrilos se mudaron hacia India, las Filipinas, Nueva Guinea y sectores localizados del norte de Australia, donde está restringido el baño de los turistas en ciertos sectores de riesgo.

Nunca ha dejado de sorprenderme la astucia y grado de supervivencia de estos reptiles, su rapidez, y receptores de presión, además de ser excelentes buceadores. Imagínense que en 130 millones de años no han sufrido mayores modificaciones, y a pesar de que su cerebro es una miniatura en relación a su cuerpo, han sido los seres más inteligentes de la naturaleza por esa capacidad de sobrevivir en el tiempo. Pensar que nos creemos tan inteligentes, sin embargo, con nuestro poderoso cerebro no llevamos ni cuatro mil años de civilización…si es que llegamos a durar unos pocos años más…por lo que quizás sería importante aprender algo de estos maravillosos animales. El cocodrilo marino o poroso es, sin duda, uno de mis animales predilectos, obviamente, después de mi perro TAMBOR.

Conociendo India

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India es el segundo país más poblado del mundo. Y más de mil millones de personas deambulan entre los más peligrosos animales del planeta. Nos encontrábamos en Sawai Madhopur, un poblado al sur de Delhi, yo iba en mi bicicleta y un taxista trasladaba a mi camarógrafo, cuando nos llamó con vehemencia para informarnos de la muerte de dos jóvenes en un caserío cercano. Acudí raudamente al lugar y había mucha gente rodeando unas letrinas, entre las cuales se suponía estaba la causante de las muertes: una serpiente.

La víbora de Rusell y la cobra India o Naja son las dos especies de serpientes que terminan cada año con la vida de más de veinte mil personas. Y una de estas homicidas ya registraba en su currículum dos hindúes -digo “hindúes” porque se tiende a creer que ese es el gentilicio de India, pero es incorrecto, ya que se trata de una religión más dentro de ese país-. Lo cierto, es que el determinismo de los parientes de aquellas víctimas, no les hizo asumir la muerte como algo trágico, sino casi como algo divino. Pude percibir que más allá de la ira hacia el reptil, había una devoción poco comprensible hacia un animal, prácticamente sagrado. Entonces entendí que agradecían al ofidio el haber permitido a estos jóvenes el acceso a una vida suprema, algo totalmente incomprensible e ilógico para nosotros.

Luego, me pregunté: ¿Estamos preparados en Chile para enfrentar el tema de la convivencia y el respeto para con los animales? Por suerte, no hay este tipo de muertes en nuestro país, pero lamentablemente supe que se está tratando de enviar un proyecto de ley al Congreso para permitir la matanza de lobos marinos. ¿Por qué muchas veces nos sentimos superiores ante países que  tienen miles de años más de historia? Y voy más allá, Ecuador se suscribió al tratado internacional contra la caza de ballenas mucho antes de que lo hiciéramos nosotros, Perú tiene el santuario más grande de lobos marinos que podamos imaginar, en Paracas, sur de Lima. Incluso, en países que consideramos “tercermundistas” como Namibia, Angola, Gabón, entre otros, existen políticas de protección estricta para los lobos de mar, lo digo porque lo vi en persona.

Todo esto como dato al margen, a veces me apasiono con este tema, pero regresando a Asia, India, realmente sorprende. Te pueden ocurrir dos cosas al llegar: Te enamoras o quieres irte al otro día. Adonde dirijas el objetivo de tu cámara tienes una fotografía maravillosa, los templos interrumpen a cada instante un viaje en tren, a lo largo del Ganges. Pasé casi un mes en la ciudad celestial de Varanasi, subiendo y bajando escaleras entre monos, búfalos, serpientes, puertas que abrían con el impregnante olor entre inciensos y cenizas de los cuerpos que eran incinerados a orillas del río. Tomé un baño a las seis de la mañana en el Ganges y estuve dos semanas en las montañas de Nepal, sin olvidar que cuando regresara a Delhi, otras 200 personas dejarían este mundo. Las causantes, nuevamente, fueron las implacables víboras. Luego de estar dos meses en estas tierras, regresé con la sensación de que el viaje aún no llegaba a su fin, recién estaba empezando a conocer sus bondades y rincones, por lo que no dudaría ni un segundo en volver.

Clinton y la prensa

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Lo único que quedó de Clinton en nuestro país fue un vaso en el cual había tomado una bebida cola en una fuente de soda capitalina. Eso fue hace muuuuchos años. Curiosamente, un día escuché su nombre en una radio e informaban que había sido atacado por un  extranjero en Iquique. Qué raro, hasta donde yo sé, ese señor había venido por última vez a dictar una conferencia en una universidad y nada más. Apagué la radio y luego me enteré por las noticias que varias personas estaban protestando por la cobarde agresión a “Clinton”, un querido PERRO CALLEJERO de Iquique, que osó superar las barreras de un restorán de comida china para concretar sus pasiones con la perra del dueño de ese local, un ciudadano chino.

La venganza fue de las peores que recuerde, una cercenada cruda a los genitales del pobre ex “Presidente”. Rápidamente, la gente se movilizó y el perro tuvo un amplio respaldo ciudadano. Recibió atención médica a tiempo y se salvó. “Clinton” es una víctima más de la calle, la insanidad y la violencia. Siempre he postulado que la sobrepoblación de perros callejeros y los peligros que compete esta situación no es un problema de los perros, sino del Estado, y digo esto porque en Chile siempre existen gobiernos independientes que asumen ordenanzas autoritarias y que ante la responsabilidad por regular el problema lo derivan al municipio, al ministerio de salud e incluso responsabilizan a las policías.

Por fortuna, hoy existe la ley que pena la crueldad y el maltrato a los animales y su tenencia irresponsable. “Clinton” tendrá justicia, pero me queda claro que el revuelo mediático ayudó a crear conciencia. Ahora existe la denuncia social y hay una Policía de Delitos contra el medio ambiente, “BIDEMA”, que es efectiva. Un niño sufre al ver el maltrato y de inmediato pregunta a sus padres por qué hay gente tan mala. Ciertamente, hay sadismo en el ataque y también un potencial desquicio hacia el mismo ser humano. Por lo general, el maltratador de animales termina por cometer abusos contra su propia familia y la sociedad.

Como dije, la ley funciona en la mayoría de los casos muy auspiciada por la prensa y la presión social. Sólo falta que se aplique, porque aún no he visto un fallo que haya condenado con reclusión efectiva a algún maltratador. La mayoría de las veces todo termina con trabajos comunitarios y una disculpa poco creíble para alguien que tomó un cuchillo carnicero y a sangre fría mutiló los genitales de un animal. De hace tiempo que no sabía nada de Clinton, y un enamorado perro me hizo al menos rememorar a este afamado e igualmente enamorado personaje del mundo.

Los gorilas de Ruanda

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“Yo que tú, no voy a Ruanda”, me dijo Stephen, encargado del counter y conexiones de South African Airways, en el aeropuerto de Johannesburgo. Pero yo no iba a echar pie atrás. Hace unos años, quizás el genocidio más grande de la historia del continente africano se gestó en las calles de Ruanda, entre Utus y Tutsis, dos supuestas etnias alimentadas por la ambición de extranjeros europeos que llegaron a explotar un país pobrísimo, sin más recursos que los pocos gorilas que viven en las montañas de Virungas, frontera natural entre Ruanda, Uganda y el ex Congo belga, países desafortunados que para insanidad tuvieron a Mobutu Sese Seko e Idi Amin Dada como lista de los peores dictadores de la región.

No hubo respeto por nada, los invasores belgas huyeron de Ruanda cuando vieron que Utus y Tutsis se masacraban a machetazos en las calles. Hoy, reina una frágil paz en la región, las carreteras están pintadas cada diez metros con corazones que grafican cada muerte de un niño. Paseando un día en bicicleta, al sur de Kigali, quise ir a ver un memorial del genocidio ubicado en Butare, un colegio rural donde 50 mil cuerpos momificados pueden verse arrumados en las antiguas salas de clases. Emanuelle, el único sobreviviente de esa masacre, con un visible agujero de bala en su cabeza, me decía que era bueno que mostrara estas imágenes para que el mundo se enterara de lo que allí ocurrió. A esto había que sumar la cantidad de personas que murieron enfermas por plagas y otros miles por hambruna. Imagínense cinco millones de ruandeses muriéndose y sin poder hacer nada.

La pregunta del millón es: ¡¿CÓMO LOGRARON SOBREVIVIR LOS GORILAS?! Pensé: “Todo esto no tiene lógica, qué hago acá, anoche mataron a 20 personas en un paso de frontera, la ciudad no tiene agua, hay racionamiento de luz y cuesta un mundo ver un restorán abierto”. Entonces decidí pagar un dineral con tal de llegar hasta la frontera con el Congo. Y allí financié un mini ejército armado con las famosas AK 47, para ver si podía encontrar un gorila, después de una semana en Ruanda.

Enfilamos a un acantilado y allí la vimos: una familia entera de ellos, quizás los últimos de una generación que está al borde del exterminio. Me miraban con curiosidad, nada que ver con los relatos que si un gorila te ve, te puede matar. Son extremadamente pacíficos y se acercaban como tratando de decirme algo. Finalmente, uno pequeño inmortalizó su mirada al lente de mi cámara y luego se perdieron entre las montañas. Fueron sólo 20 minutos, pero créanme que SÍ VALIÓ LA PENA. Cuando me preguntaron en un evento del canal, ¿Qué dejaría para el 2110? Respondí: “Sin duda, las imágenes de una especie animal que en algún momento de la historia existió en las lejanas montañas de África”.

Tragedia en Pichilemu

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El domingo pasado emitimos un capítulo especial con la muerte sospechosa de 20 pingüinos en Pichilemu, la noticia fue impactante y provocó el interés de diferentes medios de comunicación nacionales, entre ellos noticieros y matinales.

La verdad es que cada año mueren cientos de estas aves marinas debido a diferentes motivos, por ejemplo, cuando caen en las redes de los pescadores artesanales, otros que varan en las playas o simplemente porque expiran por causas naturales. En nuestro país habitan dos clases de pingüinos, el de Humboldt y el Magallánico, y aunque no corren peligro de extinción son especies nativas y por tanto protegidas por nuestra legislación, por lo que toda crueldad, maltrato o asesinato hacia ellos es sancionado.

En este caso tan impactante, 3 de los 20 pingüinos tenían cortes profundos en el pecho, realizados con un cuchillo grande y de mucho filo, ya que su piel en esa área es muy dura. Pero el problema estaba en determinar si la muerte fue producida directamente para comerse las pechugas de estas aves o si en su defecto fueron cortados postmortem.

Por esta razón, nuestro equipo de Annimales fue raudamente hasta Pichilemu para investigar la situación. Contamos con la colaboración de la PDI, Sernapesca, la gobernación provincial, la marina y la comunidad. Aunque se determinó quién faenó las aves, lo cual es expresión del repudio a quien cometió este delito, su identidad está bajo secreto y lo más probable es que esta persona no sea condenada debido a que la necropsia realizada a las aves comprobó finalmente que los cortes fueron realizados después de su muerte.

Lo que más me molestó fue que los pingüinos lacerados estaban estratégicamente ocultos bajo unos cochayuyos y que el hechor, sabiendo el revuelo que había causado la noticia, aún se ocultaba y no aclaraba lo sucedido. Lo importante es que el hecho se denunció y gracias a los medios de comunicación y la ciudadanía, se sensibilizó y se pudo identificar al autor. Un caso que puede ser común en las costas, pasó a ser un remezón a la conciencia de un país que aún no aprende a respetar los derechos de los animales.

Foto con Licencia Creative Commons

En el corazón de Venezuela

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De hace unas horas arribé desde Venezuela. Decidí volver a ese país porque la última vez que lo visité en abril pude registrar una cruza de anacondas, algo único para nuestro medio, y me recomendaron cuando regresara ir a los llanos, específicamente al delta del río Orinoco.

Planifiqué mi viaje, confiado en que me iba a ir muy bien, y me dirigí a Orinoco, ubicado a mil kilómetros de La Sabana. El lugar es hermoso y acogedor, una selva frondosa e intrigante, aguas oscuras, lo que aumentaba el temor de ver a algún “monstruo de los pantanos”. Sin embargo, pasaban los días y no encontraba ni caimán, ni capibaras, ni fauna típica del trópico como los monos hormigueros y perezosos. Entonces fui a una aldea de nativos Waraos y me encontré con algo realmente desolador: Vi los caimanes y todos los animales que esperaba fotografiar, ¡en una OLLA! El impacto fue inmediato, por primera vez en mi vida tenía el impulso de enfrentar y hacer justicia por esos animales, pero a la vez me preguntaba qué responsabilidades podían tener estas personas.

¿Son culpables esos nativos de comer lo que la naturaleza les provee? ¿No somos nosotros, la gente que se supone civilizada la que está cada día reduciendo más las selvas y los recursos hídricos? A sólo 30 kilómetros de su aldea hay explotaciones de crudo de petróleo, sin trabajo para esa gente, y el caudal principal del Orinoco se redujo dramáticamente y así también la diversidad de especies. Por este motivo, los indígenas tienen que viajar tres o cuatro días al interior del delta del río para cazar los animales.

Pienso que si Venezuela tuviese un programa de animales o relativo al ecosistema, ese impacto podría revertir en algo el daño producido por el hecho mediático que significa denunciar. El poder de las comunicaciones no tiene límites y también podemos usarlas en pro de los animales. Hagámonos la siguiente pregunta: ¿Quién es el hombre más poderoso del mundo? Algunos quizás responderían que el Presidente de Estados Unidos, ¿cierto? Pero recordemos que dos simples periodistas derrocaron a Richard Nixon en 1973 por el caso de espionaje en la sede demócrata, conocido como Watergate, por eso SÍ es necesario usar el cuarto poder, debemos hacerlo por el bien común que mueve nuestro trabajo, que finalmente es proteger nuestro planeta. Por ello, trabajamos incansablemente de lunes a domingo en Annimales, con el fin de contribuir a nuestra causa.

Foto 1 con Licencia Creative Commons

Foto 2 con Licencia Creative Commons

¡Rescate a toda costa!

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Hola, amigos! Les cuento que en las últimas grabaciones de Annimales me he integrado bastante a un mundo ajeno a mí, que es la calle. Muchos creen que soy veterinario y la verdad es que no lo soy porque no tengo piel para soportar el dolor de los animales. Sin embargo, he tenido la suerte de ver cómo mis compañeros intervienen en casos extremos e impactantes de maltratos y enfermedades, y que al final me reconfortan bastante porque me voy con la sensación de que al menos hicimos el intento de salvar un animal, y en la mayoría de los casos todo llega a buen término.

Eso me ocurrió esta semana cuando fuimos tras el rastro de una perra Pitbull callejera que tenía un cable de bicicleta cercenándole su pata derecha, sin duda, era una trampa para conejos, un guachi. Para poder intervenirla, Sebastián, la dardeó con un anestésico, le sacó el cable y la perrita ahora está bien y fuera de peligro. También me sorprendió mucho saber que la ley de nuestro país autoriza el uso de estas trampas en la ciudad, lo que encuentro una barbaridad, ya que hace un año tuve un accidente con uno de esos guachis, y me rompí la rodilla. Más allá de las molestias, tuve que desembolsar una cantidad importante de dinero en médico y curación, y por suerte no tuve secuelas.

La pregunta que me hago es ¿quién se hace responsable por estas prácticas?, ¿quién pone estas trampas en la vía pública y las autoriza? Otra interrogante es que si nadie se hace responsable por el daño que pueda sufrir una persona con estos elementos, entonces ¿quién protege los derechos de los animales que, además de su inocencia, ni siquiera pueden expresar ni menos apelar a todo el daño al que son expuestos?

La ley contra la crueldad a quienes dañan los animales existe, pero parece tan absurda, no por sus postulados, sino porque no se aplica en lo que considero justicia. Lo justo es privarle la libertad a alguien que comete un delito. Creo que cuando alguien realmente pague con cárcel y no plantando árboles en una plaza, la crueldad contra los animales empezará a reducirse.

Luis Andaur

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¡Sean todos bienvenidos! Les cuento que desde hoy formo parte de la comunidad bloguera de 13.cl y estoy ansioso de poder escribir y compartir con ustedes tantas experiencias y viajes alrededor de los cinco continentes.

Había perdido un poco la costumbre de escribir, ya que mi vida pasa vehemente por cada lugar que recorro, pero tengo muchas expectativas de este espacio porque en él podemos permanecer, y no pasar tan rápido como en un reportaje adrenalínico, sino que lo que pensamos y opinamos se queda para siempre en la red.

Muchos creen que conozco todo el mundo. Sin embargo, creo haber recorrido el 20 por ciento de cada país al que he ido, lo que es bastante, pero aún queda mucho por descubrir. Les cuento que próximamente viajaré a Egipto, mi idea es ir más allá de las pirámides, el Tutankamon y los valles de los faraones. Dicen que en ese lugar hay gente muy rara, que se atropella en las calles y que no sabe todo lo que tiene. Allí es necesario trabajar para tener un punto de comparación, una política y una cultura de conservación.

Asimismo, deseo ir a Australia, quizás el país más biodiverso en reptiles y otros mamíferos endémicos. Adoro viajar, recorrer y registrar con mi cámara cada rincón adonde voy, nuevos  paisajes, culturas, personas y especies. A través de este blog, los invito a recorrer y presenciar juntos distintas partes del globo.

Entra acá para ver las fotos de ese 20% del mundo que he conocido.

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